Identidad de los animadores y animadoras salesianas

Retomando los datos del XVI Congreso de Centros Juveniles sobre la identidad cristiana y salesiana de los animadores, y  a partir de ellos, podemos establecer ¿unos mínimos y unos máximos? ¿Cuáles? ¿Qué procesos e iniciativas favorecen la convocatoria, el pasar de ser destinatarios a corresponsables en la misión y los itinerarios de inserción eclesial? ¿Cómo garantizar una verdadera comunidad educativo pastoral?

Antes de ofrecer unas reflexiones sobre el tema que se me propone, quiero recordar un acontecimiento de gran trascendencia para la Iglesia, también para la misión salesiana y, por lo tanto, para los Centros Juveniles. El 11 de octubre de 2012, la Iglesia celebraba 50 años del inicio del Concilio Vaticano II. También daba comienzo el año de la fe. Recordemos también que se está desarrollando un Sínodo que tiene la Evangelización como tema. Sin duda que este Sínodo iluminara los próximos años de la pastoral eclesial.

Sobre la palabra identidad

El título destaca la palabra identidad referida a la persona del animador. Identidad es una palabra fuerte y radical. La cultura posmoderna se encuentra más cómoda en los contornos que en las esencias. Hoy vemos una pluralización hasta el infinito en las formas de ser, actuar y aparecer. Por eso creo que se puede afirmar que intentar definir identidades, hablar de identidad, lleva inevitablemente a un ejercicio de contrastes.

Un segundo punto puede orientar estas reflexiones. Hablar de la identidad del animador, desde mi punto de vista, obliga decir una palabra sobre el contexto cultural y también sobre el modelo de Centro Juvenil. Estos tres aspectos (contexto cultural, modelo de Centro Juvenil, identidad del animador) están relacionados. Sobre el modelo de Centro Juvenil se ha planteado otra Mesa de diálogo en este Congreso, no voy a decir nada en estas páginas y me remito a la Mesa que trata el tema. El proceso de unificación de inspectorías deja ver la importancia de este diálogo.

Una cultura donde crece la indiferencia

En pastoral el contexto es importante. Llevamos algunos años hablando de un mundo en cambio. Lo estudiosos ofrecen algunos escenarios (secularización, globalización, migraciones, prioridad del paradigma científico-técnicos….) que dejan ver, en el ámbito de la identidad religiosa, el crecimiento de la indiferencia religiosa en la sociedad, también entre los jóvenes, es posible que entre algunos de nuestros animadores. La fe es una de las grandes preguntas de este tiempo. Dios es uno de los temas más importantes en nuestra cultura, el Dios revelado en Jesucristo, anunciado y testimoniado por la Iglesia.

Discernir la cultura

No es mi intención ofrecer una definición de la palabra ‘cultura’. De manera coloquial hablamos de cultura como el espíritu del tiempo o aquella manera como el ser humano hoy se sitúa ante la vida, el mundo…

Hay quien piensa que la cultura es muy mala y propone luchar contra ella; hay quien piensa que la cultura es muy buena y se diluyen en ella; nosotros, en cambio, pensamos que la cultura puede ser una cosa o la otra y estamos obligados al discernimiento: escuchar, comprender e interpretar.

El evangelista Mateo invita a toda comunidad cristiana, también a la comunidad educativo-pastoral que forma un Centro Juvenil, a “ser sal y ser luz”. Es una manera de decir que la comunidad cristiana tiene que estar en medio de este mundo, en esta cultura, pero siendo también luz que deja ver los rasgos característicos de una comunidad cristiana, una comunidad de seguidores de Jesucristo, una comunidad siempre de contraste.

El Espíritu Santo nos inspira  y nos da energía para que mantengamos en pie el propósito de nuestros fundadores, un sentido de pertenencia en la que la identidad personal y la del cuerpo apostólico se alimentan mutuamente. Necesitamos visiones compartidas por las cuales vivir y morir y estas no pueden venirnos solo del espíritu del tiempo.

Importancia de educadores vocacionados

Todos estamos convencidos que un proyecto necesita un grupo humano sólido que lo sostenga. En el proyecto educativo-pastoral del Centro Juvenil son imprescindibles los educadores, los animadores.

En el discurso de la nueva evangelización se habla de la necesidad de nuevos educadores que encarnen aquello que trasmiten. Con una claridad sorprendente, sin minusvalorar otras perspectivas, vuelve a tomar actualidad el discurso de la vocación. Hablar de la vocación del educador es preguntarse por las motivaciones profundas que mueven a la animación; es también ayudar a dar fundamento sólido en la formación. Algunas motivaciones pueden ser más superficiales, otras pueden ser más profundas. Ayudar en ese proceso es responsabilidad de quienes acompañamos a los educadores y animadores.

Don Bosco es nuestro modelo de educador. Entre nosotros hay un slogan que tiene éxito: ‘Eduquemos con el corazón de Don Bosco’. Si miramos el corazón de Don Bosco encontramos un creyente apasionado por la misión juvenil.

Conclusiones

En el análisis que a continuación se ofrece de la realidad de nuestros Centros Juveniles puede llamar la atención la dificultad en algunos para situarse positivamente ante la fe y la vida cristiana. La realidad es siempre un punto de partida que escuchamos, acogemos e interpretamos. Nuestro modelo de educador es Don Bosco, hombre de fe, apasionado por la misión juvenil. Tenemos que tener en cuenta que Dios siempre parte de nosotros allí donde estamos. Quizás debamos pensar cómo acompañar a nuestros educadores, también a los más alejados de la fe, para que la vida cristiana se convierta en buena noticia que toque su corazón.

Hace ya casi 20 años que Don Vecchi, ante los primeros momentos de desconcierto por una pastoral que no siempre daba los frutos esperados, decía que necesitamos tener algunos puntos firmes para nuestros ambientes salesianos. El destacaba dos: el proyecto educativo pastoral y los itinerarios de educación en la fe. Estas palabras, veinte años después, vuelven a tener actualidad. Más ahora en este contexto de florecer de la evangelización que se vive en la Iglesia.

Autor: Koldo Gutierrez. Delegado Nacional de Pastoral Juvenil salesiana. 
 

Ideas para seguir cultivando la identidad de los animadores y animadoras salesianas

(Extraído de las conclusiones y debates del 17 congreso) 


  • La cultura que vivimos tiene también sus grandes oportunidades, aunque nos preocupa la indiferencia religiosa y la dificultad en adquirir una identidad sólida.

  • En nuestros fundadores descubrimos personas creyentes apasionadas por la misión juvenil.

  • La animación es un tema vocacional.

  • Necesitamos testigos creíbles, comunidades sólidas y procesos de acompañamiento también en la identidad cristiana y salesiana.

  • Es momento de valorar y vivir la espiritualidad salesiana.

  • Teniendo en cuenta, en la admisión de animadores a los equipos, establecer unos criterios mínimos de madurez humana y de apertura a la fe.  

  • Potenciar los procesos de formación, sin descuidar lo referente a la fe, renovando el itinerario de educación en la fe y los procesos de personalización.

  • Crear comunidades sólidas dónde, en su núcleo central, se haga visible una comunidad cristiana en todas sus manifestaciones.

  • Acompañar los procesos personales de maduración de animadores y jóvenes.

 

Fuentes utilizadas para elaborar este artículo


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